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El Epicentro del COVID–19 en America del Sur

El matemático guayaquileño Juan José Illingworth, asegura que hasta el 9 de abril las muertes imputables al Covid-19 ocurridas en Guayaquil eran de 7.646.

Reporte desde Guyaquil, Ecuador:

Guayaquil es un puerto fluvial, ubicado en la desembocadura del río Guayas en el Océano Pacífico; junto con Quito son las dos ciudades más importantes del Ecuador, económica y políticamente. La ciudad de Guayaquil tiene una extensión de 316 km² y alrededor de 2 millones 700 mil habitantes, es decir que en cada km2 de superficie viven 8.544 personas.

El puerto siempre ha sido el punto principal de conexión del Ecuador con el mundo, de ahí su permanente importancia económica para el comercio internacional. Alrededor del 80 % de las exportaciones e importaciones privadas del país utilizan sus instalaciones; es un centro comercial y productivo diverso considerado simbólicamente como la capital económica del país.

Preparando el escenario para una pandemia

En ese contexto, esta urbe ha sido y es punto político de primer nivel en el Ecuador. A comienzos del siglo XIX, la naciente burguesía comercial fue clave para la independencia del imperio Español. Posteriormente, en los primeros años del siglo XX, esta burguesía, junto con sectores medios y populares fueron determinantes para el triunfo de la Revolución Liberal encabezada por Eloy Alfaro. Sin embargo, luego de pocos años, esa misma burguesía, se encargó de hacer prevalecer sus intereses y echar abajo los postulados más radicales y populares de esa revolución culminando con el asesinato de Alfaro.

La dialéctica de la realidad ha puesto algo de justicia en el camino a seguir para el future

Durante los últimos 26 años Guayaquil ha estado gobernada por una fracción burguesa a través del partido Social Cristiano, organización política fuertemente de derecha que ha sido muy influyente desde hace unos sesenta años gobernando al Ecuador, en forma directa en dos ocasiones (de 1956 a 1960 y de 1994 a 1998); y de manera indirecta tejiendo alianzas con prácticamente todos los gobiernos de turno, inclusive con la denominada Revolución Ciudadana encabezada por Rafael Correa.

El socialcristianismo tiene una visión modernizante de la economía, partidarios del libre mercado siempre y cuando favorezca sus intereses, y en política internacional se alinea con las directivas de Washington. Ideológicamente son enemigos jurados y emboscados de los derechos democráticos de los trabajadores y del pueblo en general; no dudan en promover formas de represión legal e ilegal contra toda expresión que pudiera cuestionar su hegemonía.

En los 26 años de gobierno de la ciudad, los alcaldes León Febres-Cordero R. y Jaime Nebot S. han desarrollado una gestión que ciertamente modernizó buena parte de Guayaquil, para lo cual han usado al menos tres estrategias: la primera, recuperar para la burguesía los espacios urbanos históricos y llenarlos de simbolismos comerciales homogeneizados al mejor estilo de Miami. Segundo, reprimir con toda la fuerza política, policial y comunicacional cualquier intento de oposición a sus proyectos. Tercero, construir un discurso simbólico sobre la prosperidad en que viven los guayaquileños, sobre su orgullo de pertenecer a una ciudad tan moderna y próspera con cabida para todos, y que además conjugan el amor a su ciudad con una valentía a toda prueba para defenderla de sus oponentes.

La estrategia socialcristiana ha sido relativamente exitosa debido en parte a su control sobre la mayoría de los medios de comunicación locales, nacionales y buenos contactos internacionales. Este tinglado les ha permitido difundir su discurso y valores en cierta parte de la población y otros sectores de la burguesía nacional. Por este motivo, el ex alcalde Jaime Nebot estaba en una franca campaña para ser presidente del Ecuador y “trasladar la experiencia exitosa” de Guayaquil a todo el país.

El gobierno actual encabezado por Lenin Moreno jugaba su papel de aliado de los socialcristianos y de otras fracciones burguesas guayaquileñas encabezadas por el otro candidato presidencial de la misma ciudad, el banquero de derecha Guillermo Lasso.

La llegada de COVID-19

De pronto, en medio de estos acuerdos, aparece la pandemia que, hasta hoy 16 de abril, según los datos poco confiables del gobierno, ha cobrado la vida de 403 personas e infectado a 8.225 a nivel nacional. El matemático guayaquileño Juan José Illingworth, asegura que hasta el 9 de abril las muertes imputables al Covid-19 ocurridas en Guayaquil eran de 7.646. Además de lo impactante que resultan estos números, otro dato que llama poderosamente la atención es que alrededor del 80% de muertos e infectados están en la tan mentada próspera y exitosa ciudad de Guayaquil.

Los políticos de derecha atinan explicaciones que generalmente apuntan a culpar por los trágicos efectos de la pandemia a la indisciplina de la población y especialmente de los pobres. Otros sectores atribuyen el colapso a la incompetencia e improvisación del gobierno, y buena parte del país señala a los alcaldes socialcristianos como los responsables de forjar una ficción de éxito y prosperidad, ocultando la verdad sobre las condiciones reales de vida de la gran mayoría de la población.

En realidad, la mejor explicación posible sobre la situación que se vive en Guayaquil tiene que ver con todo lo anterior. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos INEC, Guayaquil es la ciudad con mayor índice de pobreza en todo el país, con un 14,1% en 2018, y para diciembre de 2019 con un 51% de empleo informal un 16.2% de subempleo.

Factores que contribuyen a COVID-19

El gobierno nacional, en contubernio con los socialcristianos y otros partidos de derecha, en su afán de satisfacer los intereses de las políticas neoliberales del FMI y las ambiciones de sectores empresariales ecuatorianos; desde su inicio en 2017, ha desmantelado el sector público, ostensiblemente el presupuesto de salud. Según el Plan Anual de Inversiones, de 306 millones de dólares en 2017 bajó a 201 millones de dólares en 2018 y a 110 millones de dólares en 2019, es decir lo redujo en casi el 70% en 3 años.

En resumen, la gran mayoría de la población no tiene condiciones mínimas para cumplir una cuarentena y quedarse en casa. Guayaquil tiene una temperatura promedio de 30 grados centígrados, las viviendas son precarias, sin servicios sanitarios adecuados, sin libros ni internet, sin aire acondicionado, o en el mejor de los casos con ventiladores. ¿Cómo pueden quedarse dentro de una vivienda de uno o dos ambientes las 6 a 8 personas que las habitan, generalmente como arrendatarios y que viven de la oportunidad económica que les presenta el día a día? ¿Cómo pueden no salir de la vivienda si no tienen un dólar para comprar los alimentos diarios mínimos?

Una imagen falsa de prosperidad

Las imágenes de cadáveres en las calles, de mujeres y hombres reclamando a las autoridades por qué no retiran los muertos de algunas viviendas, de personas que depositan en la basura a los muertos; muestran la incompetencia de la actual alcaldesa socialcristiana de Guayaquil, Cynthia Viteri y el vicepresidente de la república Otto Sonnenholzner. Pero al mismo tiempo, muestran como un imprevisto como la pandemia del Coronavirus sacó a flote una realidad conscientemente guardada por las burguesías guayaquileñas, nacionales e internacionales. Guayaquil es una típica ciudad capitalista de un país pequeño y periférico, impregnada de desigualdad. El falso simbolismo de prosperidad ha sido exitoso solo para unos pocos en condiciones de beneficiarse del empobrecimiento de una mayoría con un ingreso per cápita de 85 dólares mensuales, que viven hacinados en pequeños espacios y con y con severas carencias de servicios sanitarios básicos. Los datos de homicidios y robos que arroja esta ciudad, casi siempre son los más altos del país.

Lo que revela la pandemia

Esta falsa prosperidad promovida por la oligarquía guayaquileña comandada por el socialcristianismo, en lo fundamental han servido para cimentar aún más el poder de la burguesía local, a costa del empobrecimiento de la mayoría de población y para enseñar cómo, a través del desarrollo urbano hecho con dinero público, se pueden amasar grandes fortunas y salir bien librados.

La desastrosa gestión de la pandemia en Guayaquil no ha podido ser ocultada y sublimada como acostumbran las élites y ha dejado casi fuera de combate a los caudillos socialcristianos con Jaime Nebot a la cabeza, que casi estaban seguros de que la presidencia del Ecuador estaba servida para ellos en el 2021.

La dialéctica de la realidad ha puesto algo de justicia en el camino a seguir para el futuro, aunque nada garantiza que las fuerzas democráticas de diverso matiz puedan capitalizar esta mini debacle a favor de una salida que frene las reformas estructurales neoliberales y no cargue el peso de la crisis sobre la disminuida economía de los sectores populares y medios, tal como lo viene haciendo de manera tan falaz y burda el gobierno de Lenin Moreno.

El caso del Ecuador y de la ciudad de Guayaquil ilustra lo que, con sus propias particularidades, seguramente ocurre con los gobiernos de diversos países latinoamericanos, antes llamados eufemísticamente “banana republics”, que hoy tanto como antes, se esfuerzan por ser reconocidos y recompensados por las élites que dominan el mundo, para lo cual se ensañan en contra de la población con medidas económicas fondomonetaristas.

Esaud Osejo es un arquitecto ecuatoriano quien escribe sobre asuntos sociales urbanos.

 

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