Las ambivalencias de la democracia electoral

La Materialidad de lo Politico

La Democracia Electoral (DE) como forma de gobierno es sobre todo un asunto político. Las reflexiones sobre este tema no deben referirse a lo abstracto o imaginario, sino al mundo material en el que la DE existe en una sociedad dada. En nuestro caso, debemos examinar las circunstancias socio-históricas específicas del surgimiento de la Democracia Electoral en Estados Unidos, su forma de desarrollo, sus principales beneficiarios históricos, así como los principales recipientes de las cargas sociales ocultas en el tipo de democracia electoral que gobierna la nación.

Si hacemos lo contrario, si ignoramos la materialidad dentro de la cual conceptos como Democracia Electoral fueron concebidos y materializados por la acción humana, arriesgamos confundir las cosas con sus nombres. Podemos llegar a creer que la DE existe en algún lugar digital socio-platónico, listo para ser descargado de las nubes. O lo que es peor, con desorientado patriotismo, seguir creyendo que nosotros, como Nación, por algún truco inexplicable de historia gracias los “Founding Fathers’ y la Constitución, somos herederos legítimos de una versión mitológica de la demokratia de la Antigua Grecia (demos = people + kratia = gobierno), lo que hace que, libre de cuestionamiento, nuestro sistema político sea inmediatamente y sin discrepancia, superior a los demás y cuna de la libertad en todo el mundo.

Para los intelectuales revolucionarios educados en Marx, como Lenin (1870-1924) y el teórico y crítico Walter Benjamin (1892-1940), la materialidad de cualquier forma de gobierno se encuentra en las múltiples formas de lucha de clases presentes en la sociedad. Por ejemplo, para Lenin, “el tipo de libertad en una sociedad capitalista sigue siendo el mismo que en las antiguas repúblicas griegas: libertad para los propietarios de esclavos”. En otras palabras, la distribución desequilibrada de la libertad y otros beneficios sociales de la democracia siguen siendo condicionados por un modelo económico basado en la apropiación del trabajo ajeno. Sin embargo, estos innegables vínculos entre la economía y ciertas formas de lo político son ignorados, ocultados o minimizados con demasiada frecuencia por la historiografía oficial, que busca destacar versiones idealizadas de una democracia inmaculadamente concebida, ancla de la civilización, y sin referencia a los modos de producción de la riqueza social sobre los cuales existe.

Para Benjamin, por otra parte, la materialidad de los acontecimientos que se cree han tenido un efecto civilizador sobre la historia de la humanidad, i.e. la democracia electoral, se entienden mejor reconociendo su innata ambivalencia. Es decir, la propiedad de ser expresiones de barbarie y civilización simultáneamente. Para Benjamin, “no hay ningún documento de civilización que no sea al mismo tiempo un documento de barbarie”. En sus Tesis sobre la Filosofía de la Historia, por ejemplo, sostiene que “tesoros culturales” ampliamente percibidos como tales, deben su existencia tanto a la agencia de “grandes mentes y talentos individuales” y también al “trabajo anónimo de miles de sus contemporáneos”.

Nuestro Barbarismo Democrático

Entonces, ¿qué es la barbarie? El historiador británico Eric Hobsbawm definió la barbarie como una decadencia social general que significa dos cosas: “En primer lugar, la interrupción y descomposición de los sistemas de reglas y conducta moral por la que todas las sociedades regulan las relaciones entre sus miembros y en menor medida entre sus miembros y los de otras sociedades “. En segundo lugar, Hobsbawm describe lo que él llamó la inversión de” reglas y normas universales de conducta moral, encarnadas en las instituciones de Estado dedicadas al progreso racional de la humanidad “(Ver Barbarism: A User’s Guide. New Left Review I/206. July-August, 1994).

La democracia americana lleva la marca de nacimiento de la esclavitud al servicio del capitalismo. Este fantasma del pasado se ha transformado en sus formas, pero sigue golpeando las puertas de las políticas e instituciones estadounidenses actuales. No es exagerado decir que como sociedad, parece importarle cada vez menos el bienestar de sus miembros. Este “que-me-importismo” por otros menos afortunados debido a su pertenencia de clase, características raciales, origen étnico, género o identidad sexual, es la tinta que mancha la definición de la democracia estadounidense actual. Es difícil ignorar la desigualdad en América y abstenerse de mencionar al menos algunos ejemplos ilustrativos de nuestra barbarie moderna. La siguiente lista abreviada, es tomada de una publicación de 2011 del Centro Stanford sobre Pobreza e Inequidad: 20 hechos sobre la desigualdad de los Estados Unidos que todos deben conocer.

Desigualdad salarial: “En los últimos 30 años, la desigualdad salarial en los Estados Unidos ha aumentado sustancialmente, el nivel de desigualdad en todos los niveles se aproxima al nivel extremo prevaleciente antes de la Gran Depresión”.

 Pago a Ejecutivos: “en 1965 [Ejecutivos] ganaron 24 veces más que el trabajador promedio de la producción, mientras que en 2009 ganaban 185 veces más”

Sin Hogar: Hay 750.000 estadounidenses que están sin hogar en cualquier noche determinada. Uno de cada cinco de ellos son considerados crónicamente sin hogar. La población sin hogar incluye un número desproporcionado de hombres, negros, personas de mediana edad, veteranos y con impedimentos físicos”

Brechas salariales de género: Las mujeres ganan un 20% menos que los hombres por el mismo trabajo.

“Brechas en la educación: “Las tasas de deserción escolar son más bajas entre los blancos y más altas entre los hispanos, mientras que la inscripción en la universidad es menor entre los negros y la más alta entre los blancos “.

Seguro Medico: “En 2007, 8,1 millones de niños menores de 18 años no contaban con seguro médico. Los niños pobres y los niños hispanos tenían más probabilidades de no estar asegurados”. Este número aumentaría si los esfuerzos recientes de la administración y los republicanos para revertir Obama-Care hubieran tenido éxito, dejando a 22 millones de personas adicionales sin seguro de salud.

Desigualdad de la riqueza: En 2007, “el 10% de los hogares controlaba el 73.1% de la riqueza total”.

Encarcelación: “Los Estados Unidos tienen una de las tasas más altas del `mundo. Uno de cada cuatro varones afro-americanos es encarcelado entre las edades de 20 y 34 años.

Toda esta realidad, por supuesto, no ocurre en un pequeño país empobrecido situado en el ‘Sur Global’, pero en uno de los más ricos y sin duda, el país más poderoso de la historia humana. O como la calificara nuestro reciente ex vicepresidente Joe Biden, “La Mas Grande Democracia en la Historia del Mundo”.

Las Democracias de Otros

Si echamos un rápido vistazo al pasado, resulta que la “ mas grande democracia en la historia del mundo”, también tiene una larga práctica de intervenciones militares no democráticas en el mismo mundo que Joe Biden tenía en mente con su pomposa proclamación. Este no es ni el momento ni el lugar para enumerar la lista de doscientos doce años de intervenciones norte-americanas desde que los marines fueron enviados por primera vez a Libia en 1805, culminando con los conflictos actuales en Afganistán, Irak y Siria. Baste decir aquí, que la mayoría de estas acciones han constituido actos de agresión abierta contra los derechos y el bienestar de personas de otros países. Al parecer no importa que muchos de esos países tuvieran gobiernos democráticos legítimos (como el caso de Chile de Allende, hace 44 años el día de hoy al escribir estas líneas). Lo importante aquí es resaltar el hecho contradictorio de que estas intervenciones militares constituyen actos de agresión, por muy democrático o constitucional que hubiera sido el proceso interno de aprobación de esos actos dentro del sistema democrático de los Estados Unidos. Como advirtieron Lenin y Benjamín, la democracia electoral estadounidense parece estar regida por doble niveles de comportamiento moral y constitucional respecto del resto de la humanidad. Esta doblez perniciosa y persistente eleva la hipocresía política al nivel de rasgo nacional.

Las Elecciones no son Suficientes

La democracia no debe definirse por la existencia de funcionarios electos, sino por la forma en que se eligen y los intereses que representan. En los Estados Unidos, la mayoría de los funcionarios altamente posicionados en el gobierno deben su situación a la opulencia de los nuevos corruptores de la democracia: súper PAC, corporaciones, asociaciones financieras y ricos individuos que son capaces de canalizar cantidades ilimitadas de dinero a sus candidatos subordinados. Al déficit democrático del proceso electoral estadounidense, hay que añadir el ‘gerrymandering’ ancestral (manipulación de áreas electorales) originalmente destinada a bloquear la participación de la gente de color en la vida pública. David A. Lied, de The Associated Press (25 de junio de 2017), describe cómo esta «práctica manipuladora» fue capaz de alterar el resultado de los escaños legislativos de Estados Unidos y de los estados, claramente beneficiando al Partido Republicano en 2016. Su argumento es apoyado por investigaciones realizadas por la AP, la Universidad de Princeton Gerrymandering Found, y el Centro de Justicia Brennan de la Escuela de Derecho de la Universidad de Nueva York.

En la practica, las barreras legales electorales que afectan a las personas de color no desaparecieron con la firma de la ‘Ley de Derechos Electorales’ de agosto de 1965 por Lyndon Johnson, o con la prohibición del texto de alfabetización electoral en 1975 por el Congreso. A pesar del léxico democrático, el cual alimenta las creencias fantásticas de muchos estadounidenses, las prácticas antidemocráticas continúan expandiéndose y prosperando.

Jugar el Piano con Ambas Manos

¿Qué hacer entonces con la democracia electoral? Una vez más, cualquier respuesta debe estar históricamente situada:

La DE en su forma actual en los Estados Unidos debe ser criticada por todas sus falsas pretensiones y ambigüedades que contradicen el ideal original para el país: un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Deben defenderse los derechos democráticos contra actual estallido de legislación antipopular y contra la tolerancia benevolente de organizaciones racistas, homofóbicas y pro-fascistas por parte de la presente administración

La DE debe defenderse con un sentido de emergencia y conciencia histórica de que el capitalismo americano parece cada vez menos capaz o dispuesto a coexistir con principios democráticos, y que los asuntos de la nación son ad- ministrados por un grupo cada vez mas pequeño de multimillonarios carentes de legitimidad democrática, pero apoyados por un creciente estado policial.

Por último, debemos ser conscientes de que sólo mediante un proceso de lucha por la radicalización continua de las formas de democracia existentes en la actualidad, será posible trascender la DE y crear una sociedad socialista.

En este contexto, parece pertinente concluir con una larga pero importante cita de Lenin tomada del Proletariado Revolucionario y el Derecho de las Naciones a la Autodeterminación. Advertencia, el análisis leninista no ofrece ningún confort ideológico ni a la izquierda liberal puritana, ni a la derecha mojigata:

El proletariado no puede ser victorioso sino a través de la democracia, es decir, dando pleno efecto a la democracia y vinculando a cada paso de su lucha las demandas democráticas formuladas en los términos más resueltos . . . . Debemos combinar la lucha revolucionaria contra el capitalismo con un programa y una táctica revolucionaria sobre todas las demandas democráticas … Mientras el capitalismo existe, estas exigencias -todas ellas- sólo pueden lograrse como excepción, e incluso entonces en una forma incompleta y distorsionada. Basándonos en la democracia ya alcanzada y exponiendo su carácter incompleto bajo el capitalismo, exigimos el derrocamiento del capitalismo, la expropiación de la burguesía, como base necesaria tanto para la abolición de la miseria de las masas como para la totalidad y totalidad institucional de todas las reformas democráticas. Algunas de estas reformas se iniciarán antes del derrocamiento de la burguesía, otras en el curso de ese derrocamiento, y otras después. La revolución social no es una sola batalla, sino un período que abarca una serie de batallas sobre toda clase de problemas de reforma económica y democrática, que sólo se consumen con la expropiación de la burguesía. Es por el bien de este objetivo final que debemos formular cada una de nuestras demandas democráticas de una manera consistentemente revolucionaria. Es perfectamente concebible que los trabajadores de un país determinado derroquen a la burguesía antes incluso de que se haya logrado una sola reforma democrática fundamental. Sin embargo, es inconcebible que el proletariado, como clase histórica, pueda derrotar a la burguesía, a no ser que esté preparado para ello educándose en el espíritu de la democracia más coherente y resueltamente revolucionaria.

Últimamente hemos presenciado un aumento en el nivel de conciencia política de las masas, desde Black Lives Matter, manifestaciones masivas contra las políticas actuales de la administración en materia de inmigración, salud y medio ambiente, culminando con las protestas de la semana pasada en St. Louis contra el racismo y brutalidad policial. Estos acontecimientos demuestran el poder creativo de las masas y cómo, a pesar de la coacción social existente, la gente sigue luchando contra las deficiencias de la democracia liberal.

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