Brutalidad policial y sus descontentos

La destrucción del cuerpo Negro en América

Esto es lo que me gustaría que usted sepa: En América es tradicional destruir el cuerpo negro – es patrimonio

Ta Nehisi Coates, “Entre el Mundo y Yo (una carta a su hijo)

I. Los fallecidos

Parece justo decir—por lo menos por propósitos retóricos—que el primer grupo de  descontentos con la brutalidad policial son aquellos que no pueden expresar descontento alguno, o cualquier otra forma de expresión humana, debido precisamente a la violencia  policial que les costara sus vidas. En el momento de escribir estas líneas (10 de diciembre), según datos compilados por “The Counted”, un programa interactivo diseñado por The Guardian (EEUU), en lo que va del año1063 personas han sido asesinadas por la policía, lo que equivale a un promedio de tres personas por día antes de finales de diciembre de 2015. Más de la mitad de ellos han sido hombres (745), y en términos de raza y grupo étnico, la mayoría de ellos han sido Negros, asesinados a un promedio de 6. 34 por millón; seguido por los nativos americanos, a una tasa de 3,4 por millón; Latinos a razón de 3,05 por millón; Blancos, a una tasa de 2,67 por millón; y Asiáticos  a una tasa promedio de 1,01 por millón.

Ninguna otra sociedad capitalista avanzada en el mundo se aproxima ni si quiera remotamente a  estos niveles de matar diariamente a su propio pueblo.  Dentro de este contexto, no es coincidencia que ninguna organización oficial del gobierno de Estados Unidos mantiene un estrecho seguimiento de este evento social. Parece ser un caso claro de déficit estadístico intencional, sobre todo para un país que se enorgullece de la calidad de su mantenimiento de registros cuantitativos sobre una gran variedad de información y al mismo tiempo ejerce un alto nivel de vigilancia sobre sus ciudadanos. Es imposible no concluir que vivimos en una sociedad que es a la vez selectiva en sus asesinatos, pero incluso más selectiva  en los modos de mantener en su memoria oficial.

Sin embargo, como lo demuestran los incidentes de Ferguson los cuales continúan en muchas otras ciudades de Estados Unidos, las comunidades de color conocen y recuerdan. Un gran número de negros estadounidenses no están dispuestos a ingerir la pastilla de sacarina para amnesia social, en efecto, al momento de escribir este artículo hay enormes protestas contra la policía en las calles de Chicago en desafío a la brutalidad policial. Los acontecimientos ampliamente denunciados sobre brutalidad policial en el presente año—sumado al registro del pasado histórico—demuestran la existencia  de una forma perniciosa de violencia dirigida contra los negros en América. Negros estadounidenses están siendo asesinados a una tasa desproporcionada en relación con su porcentaje total de la población como lo sugieren las estadísticas presentadas por el Guardian. El punto aquí, por supuesto, no es sugerir una distribución “equitativa” de los asesinatos entre los diferentes grupos étnicos de América, sino señalar el sistemático  perfile racista de que son objeto los afroamericanos, o lo que en palabras de Ta-Nehishi Coates constituye un patrimonio histórico de violencia contra cuerpos negros, cuya última expresión es el asesinato de ciudadanos negros como el aceptado “modus operandi” de algunos departamentos de policía en el país.

Dos grupos principales han tomado posiciones protagónicas en oposición a la brutalidad policial actual. El primero está integrado por diferentes variantes del liberalismo americano en busca de consuelo ideológico bajo el paraguas del reformismo. Este grupo busca esencialmente  aprobar reformas en los departamentos de policía en el país, con la esperanza de crear una imagen más “restringida” de la institución, al tiempo que la misma sigue ejerciendo el uso “legitimado” de la fuerza que el Estado otorga a la policía y su miembros. El segundo grupo es más radical y mas amplio en sus objetivos. Entiende la brutalidad policial no como un hecho aislado que debe ser abordado en el silencio interior  de los departamentos policiales, o resuelto a través de los espesos reglamentos municipales de nuestras ciudades; pero como algo incrustado en el racismo estructural de la sociedad estadounidense, y que a su vez tiene sus raíces en las relaciones históricas de poder y  opresión que no pueden ser separadas de consideraciones sociales,  y políticas mas amplias. Este segundo grupo está constituido por el movimiento ‘Black Lives Matter’.  Cada una de estas dos formas de descontento ofrece una perspectiva única sobre el papel del Estado en una sociedad capitalista, sus aparatos ideológicos y políticos, y el papel desempeñado por sus instituciones de control y represión, como los departamentos de policía. Cada uno propone un conjunto diferente de estrategias que vale la pena considerar en nuestra lucha contra los abusos de poder y en favor de los derechos de todos los ciudadanos. El primer grupo se imagina cómo debe ser el capitalismo estadounidense. El segundo, sabiendo por experiencia histórica de cómo funciona el capitalismo estadounidense, explora maneras de trascenderlo.

II. El descontento de la mente liberal

Hay numerosas maneras de distinguir entre el pensamiento liberal y el pensamiento radical, o, en otras palabras, entre pensamiento reformista y pensamiento revolucionario. Evitando al lector un viaje histórico innecesario sobre el origen del liberalismo, baste aquí con decir que el liberalismo entiende los derechos de la persona como si estuvieran constituidos de forma autónoma, es decir, independientemente de las limitaciones sociales, culturales y económicas existentes en un determinado momento social. Dentro de este marco ideológico, la mente liberal entiende temas como la igualdad de derechos, el respeto de las libertades individuales y la conducta de las instituciones sociales como la policía, como si fueran simplemente el resultado de  principios procesales de justicia abstracta que se pueden resolver dentro de los ayuntamientos municipales por los políticos locales. Al hacerlo, la mente liberal ignora la historia y el contexto social en el que los derechos, las libertades, instituciones y sistemas jurídicos fueron puestos  en marcha. La mente liberal, ocupada como está con los procedimientos de la justicia, no logra identificar los principales beneficiarios del capitalismo existente en Estados Unidos, sino que también hace caso omiso del papel de las luchas populares en la adquisición y la defensa de los derechos existentes.

Señalar las limitaciones de los reformadores liberales del capitalismo en general, o de la policía, en particular, no significa negar el valor de las reformas per se, pero cuando se trata de reformas lo que debemos tener en cuenta son dos factores importantes: primero, no debemos limitar nuestras acciones políticas a las reformas entendidas únicamente como si estas tienen lugar únicamente dentro de la ya complicado (a propósito, por supuesto) aparato legal del sistema; y en segundo lugar, las reformas deben ser utilizados para intensificar—no para aplacar—la lucha contra todas las formas de explotación capitalista. Ninguna respuesta política eficaz a la brutalidad policial será posible si seguimos ignorando entre otros, los siguientes factores: (estos factores se incluyen en un artículo anterior mío sobre Ferguson)

  • La tasa de desempleo negro ha sido siempre el doble que la tasa de desempleo blanco durante 50 años.
  • Durante el segundo trimestre de 2015, la tasa de desempleo afroamericano nacional cayó por debajo de 10 por ciento por primera vez en siete años. A modo de comparación, aunque un 6,9 por ciento es la tasa más baja de desempleo negro en cualquier estado, es esencialmente la misma que la tasa de desempleo más alta blanca (West Virginia).
  • La tasa de pobreza negra ya no está disminuyendo. En 2011, casi el 28 por ciento de los hogares negros estaban en la pobreza, casi tres veces más alta que la tasa de pobreza para los blancos.
  • Los niños negros tienen más probabilidades que los blancos de vivir en áreas de pobreza concentrada: 32% de los niños negros, 30% de los niños indios americanos, el 24% de los niños hispanos, 8% de los niños de Asia y las islas del Pacífico y el 5% de los niños blancos vivir en secciones censales con tasas de pobreza de 30% o más.
  • n  La segregación escolar ha aumentado desde 1980, lo que significa que “a una mayor cantidad de estudiantes no blancos, corresponde una menor cantidad de recursos asignados a la escuela”. Un aumento de 10 puntos porcentuales en la proporción de estudiantes no blancos se asocia con una disminución de $ 75 en el gasto por estudiante “(PAI).
  • La disparidad racial en las tasas de encarcelamiento es más grande de lo que era en la década de 1960. Mientras que en 1960, las tasas fueron del 262 blancos y 678 negros encarcelados por cada 100.000 residentes en Estados Unidos, para el año 2010, las tasas fueron de hasta 1.313 blancos y 4.374 negros encarcelados por cada 100.000 habitantes.
  • Un estudio separado sobre la movilidad social llevada a cabo por Richard Reeves demostró que “Los niños negros tienen más probabilidades de nacer en la pobreza que los niños blancos; pero también son menos propensos a escapar de la pobreza “(2013, Movilidad Social Memos).

Los jóvenes negros  en América – un grupo con alta frecuencia como objeto de  brutalidad policial—ha llamado la Generación Cero, y descrito por el científico social, Henry Giroux como “una generación con cero oportunidades, cero futuros, y cero expectativas […] obligado a aceptar una vida de inestabilidad en el trabajo y en la vida. Muchos de estos jóvenes y otros grupos vulnerables ahora habitan en lo que podría llamarse una geografía de exclusión y exterminación—un espacio de desechabilidad” Giroux continúa:” A medida que la guerra contra el terror llega a casa, los espacios públicos se han convertido en zonas de guerra al haber las policías locales asumido el papel de un ejército de ocupación, sobre todo en los barrios de minorías pobres, acentuada por el hecho de que la policía ahora tienen acceso a vehículos blindados de tropas, rifles de visión nocturna, Humvees, M16 rifles automáticos, lanzagranadas y otras armas diseñadas para aplicaciones militares tácticas. Actuando como una fuerza paramilitar, muchos policías locales se han convertido en un nuevo símbolo de terrorismo doméstico “.

Es en el contexto de la opresión económica, racial, social, cultural y militar que las últimas expresiones de brutalidad policial y este  autoritarismo por encima de la ley puede ser mejor explicado. Las acciones policiales no son el resultado exclusivo y directo del prejuicios circunstanciales de individuos aislados o policías con exceso de trabajo que necesitan mejores horas de trabajo, o policías mal entrenados que carecen de competencia en métodos  de resolución de conflictos o habilidades multiculturales. La brutalidad policial en Estados Unidos es el resultado de la larga historia de racismo sistémico y  desigualdad, dentro de la cual la fuerza policial es uno de los muchos aparatos represivos del Estado. Los reformadores liberales pueden soñar todo lo que quieran acercaq de las reformas, pero no seran mas que depositarios de quimeras que rara vez se hacen realidad, sw sueños sin duracion o alcance suficiente, incapaces de explicar o transformar la realidad.

III. El descontento del movimiento “Black Lives Matter”

Los muy publicitados asesinatos de hombres negros por la policía  han encontrado la estándar solidaridad liberal superficial  de muchos demócratas—principalmente alcaldes y otros funcionarios electos de las grandes ciudades—los cuales amenazan con oscurecer la verdadera naturaleza y el significado de la brutalidad policial e intentan monopolizar el descontento popular entre los estadounidenses negros. Es en este escenario—a los que hay que añadir el “silencio cómplice’ del Partido Republicano—el movimiento “Black Lives Matter” ha puesto de nuevo el racismo y discriminación en la agenda política estadounidense. Su plataforma política (Campaña Cero) plantea una serie de reformas y soluciones que buscan intensificar de manera más radical la lucha contra la brutalidad policial.

Al mismo tiempo, según Aziz Rana, autor de “La Raza y el Credo Estadounidense: Recuperación del Radicalismo Negro”, señala que “mientras que las narrativas recientes como Campaña Cero, han presentado valiosas ideas concretas para la reforma de la policía … estas demandas deben combinarse con una mayor política expansiva y pre-figurativa. Los nuevos activistas deben hacer no menos que imaginar y presentar sus recomendaciones de política, como lo hicieron las generaciones anteriores, como ideales que compiten por la liberación, la solidaridad y la renovación”. En otras palabras, necesitamos una plataforma que represente no a  aquellos que han perdido la fe en las posibilidades de la democracia, sino una plataforma de quienes han experimentado su ausencia y quieren hacerla realidad en el presente.

Si bien es cierto que Campaña Cero no va tan lejos como quisiera Rana, “Black Lives Matters”  no es una plataforma de lamentaciones sino una plataforma de personas en  lucha. Según  “Black Lives Matter”, sus propuestas “constituyen un paquete completo de soluciones políticas urgentes—respaldada por datos estadísticos, investigación, y basada en principios de derechos humanos—que puede cambiar la forma que la policía sirve a nuestras comunidades”. En los siguientes párrafos he incluido casi textualmente los puntos más importantes promovidos por “Black Lives Matter” en su plataforma como una forma de promover este primer paso hacia los cambios más radicales. Ver www.campaignzero.org para obtener más detalles.

Fin de la Policía de Ventanas Rotas: Una práctica policial de décadas, centrada en la vigilancia de  delitos y actividades menores que ha llevado a la criminalización y el exceso de vigilancia de las comunidades de color y el uso de fuerza excesiva en situaciones de otro modo inofensivas. La policía mató al menos 287 personas el año pasado que estuvieron involucradas en delitos menores y actividades inocuas como dormir en los parques, posesión de drogas, lucir “sospechoso”, o tener una crisis de salud mental. Estas actividades son a menudo los síntomas de los problemas subyacentes de la adicción a las drogas, la falta de vivienda, y la enfermedad mental, que deben ser tratados por profesionales de la salud y trabajadores sociales en lugar de la policía.

Supervisión de la Comunidad: La policía suele investigar y decidir lo que en su opinión, serian las consecuencias que sus compañeros oficiales deben enfrentar en casos de mala conducta policial. Bajo este sistema, menos de 1 de cada 12 denuncias de mala conducta policial a nivel nacional resultan en algún tipo de acción disciplinaria contra el agente (s) responsable. Las comunidades necesitan de manera urgente el garantizar que los agentes de policía asuman responsabilidad y puedan ser juzgados  por violencia policial. Como solución “Black Lives Matter” propone establecer una estructura de  supervisión civil con el poder de disciplinar  y  trabajar en colaboración con una Comisión de Policía y un departamento de Quejas Civiles  encargado de la eliminación de barreras para denunciar faltas de conducta de la policía.

Límite del uso de fuerza: La policía debe tener las habilidades y competencia cultural para proteger y servir a nuestras comunidades sin matar a la gente – al igual que lo hacen la policía en Inglaterra, Alemania, Japón y otros países desarrollados. Sólo el año pasado, la policía mató al menos 268 personas desarmadas y 91 personas que fueron detenidas por simples violaciones de tráfico. Las siguientes soluciones pueden restringir a la policía en su uso de fuerza excesiva en las interacciones cotidianas con civiles: Establecer normas para reportar el uso policial de fuerza letal. Revisar los lineamientos del uso de violencia en los departamento de policía local. Poner fin a homicidios policiales relacionadas con infracciones de trafico tráfico. Seguimiento proactivo  de cómo la policía usa la fuerza y ​​enjuiciamiento  a  oficiales responsables de uso excesivo de fuerza.

Investigaciones independientes y  Fiscalía: Los fiscales locales dependen de los departamentos de policía locales para reunir las pruebas y testimonios que necesitan para procesar con éxito a criminales. Esto hace que sea difícil para ellos investigar y procesar los mismos agentes de policía en casos de violencia policial. Estos casos no deben confiar en la policía para investigarse  a sí mismos y no deben ser procesados ​​por alguien que tiene un incentivo para proteger a los agentes de policía implicados.

Representación Comunitaria: Mientras que los hombres blancos representan menos de un tercio de la población de la nación, ellos ocupan alrededor de dos tercios de los oficiales de policía de Estados Unidos. La policía debe reflejar y ser sensible a la diversidad cultural, racial y de género de las comunidades a las que se supone deben servir.

Cámaras de Cuerpo / Film la Policía: Si bien no son una panacea, las cámaras del cuerpo y videos de teléfono celular han iluminado los casos de violencia policial y han demostrado ser herramientas importantes para determinar funcionarios responsables. En casi todos los casos en que un agente de policía ha sido acusado del un delito por haber matado a un civil de este año se han basado en pruebas de vídeo que muestran las acciones del oficial.

Formación: El régimen de entrenamiento actual para los agentes de policía no los capacita efectivamente sobre la forma de interactuar con nuestras comunidades y proteger y preservar vidas. Por ejemplo, los reclutas de la policía usan 58 horas para aprender a disparar armas de fuego y sólo 8 horas para aprender a des-escalar situaciones. Se necesita un régimen de entrenamiento intensivo para ayudar a los agentes de policía a aprender los comportamientos y habilidades para interactuar adecuadamente con las comunidades.

Poner fin a la Practica Policial por Lucro: La policía debería estar trabajando para proteger a la gente, y  no para contribuir a un sistema que se beneficia de detención, búsqueda, detención, arresto y encarcelamiento de la gente.

Desmilitarización: Los acontecimientos de Ferguson han introducido a la nación  las formas en que los departamentos de policía locales pueden abusar de armamento militar para intimidar y reprimir a las comunidades. Sólo el año pasado, los equipos SWAT militarizados mataron al menos a 38 personas. Necesitamos políticas que impiden a los departamentos de policía la obtención o el uso de estas armas en nuestras calles.

Contratos Policiales Justos:  Los sindicatos policiales han utilizado su influencia para establecer protecciones injustas para agentes de policía en sus contratos con los gobiernos locales, estatales y el gobierno federal  en la llamada Ley de Derechos de Oficiales. Estas disposiciones crean un conjunto de reglas para la policía y otro para la población civil, y hacen que sea difícil para los jefes de policía o las estructuras de supervisión civil el castigar a los agentes de policía que no son aptos para servir.

IV. Elegir nuestra forma de Descontento

Depende de nosotros decidir qué tipo de reformas políticas apoyamos – el tipo que restringe la acción política popular o el tipo que la fortalece. Depende de nosotros el definir y crear el tipo de país que queremos para vivir. Por ahora, las propuestas de campaña presentadas por Black Lives Matter proporciona un buen lugar para empezar.

Enrique Quintero, un activista político en América Latina durante la década de los 70, enseñó ESL y adquisición de segundas lenguas en el Distrito Escolar de Anchorage, y español en la Universidad de Alaska Anchorage. Actualmente vive y escribe en Olympia.